México vive una paradoja laboral. el salario promedio de cotización de los trabajadores afiliados al IMSS marcados un récord de 663.50 pesos diarios en marzoson 19 mil 905 pesos mensuales, con un alza nominal anual de 7.1 por ciento, aproximadamente 2.4 por ciento en términos reales.
Al mismo tiempo, la creación de empleo formal está atravesando su arranque de año más débil en dos décadasdescontando los episodios de pandemia y la crisis financiera de 2008-2009.
¿Cómo se explica esta combinación de mejor remuneración con menor contratación? Lo que estamos viendo es un mercado laboral que está cambiando su forma de absorber a la población.
Vamos por partes. Los datos del IMSS al cierre de marzo cuentan dos historias diferentes. La primera es la del nivel: hay 22 millones 724 mil 680 puestos afiliados, la cifra más alta para un mes de marzo y la tercera más alta en la historia del registro, con 86.9 por ciento de plazas permanentes.
La segunda es la del flujo: enero cerró con una pérdida neta de 8 mil 104 plazas, febrero rebotó con 157 mil 882 nuevos puestos y marzo apenas sumó 32 mil 930. El acumulado del primer trimestre, 207 mil 604 empleoses 8.4 por ciento menor al mismo peor periodo de 2025 y, como le decía, es el arranque desde 2005 si se descuentan los años atípicos. La tasa de crecimiento anual del empleo formal se ubica en 1.2 por ciento, prácticamente la mitad del promedio histórico previo a la pandemia.
Frente a esto, los salarios contrastan. El alza nominal de 7.1 por ciento en el salario base de cotización es la cuarta mayor para un marzo en toda la serie histórica. Sumemos el aumento de 13 por ciento al salario mínimo general, hoy en 315.04 pesos diarios, y se entiende por qué la narrativa oficial habla de salarios sin precedente. Es positivo, pero también es la cara amable de una historia incompleta.
Aquí entra la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo que el INEGI publicó el pasado viernes. La tasa de desocupación nacional subió de 2,2 a 2,4 por ciento en doce meses; la de mujeres saltó de 2,3 a 2,7 por ciento; la participación de la población ocupada en el total retrocedió de 59.3 a 58.6 por ciento y, lo más revelador, la tasa de condiciones críticas de ocupación pasó de 38.4 a 39.6 por ciento. Es decir, casi cuatro de cada diez ocupados están en empleos con jornadas inadecuadas, ingresos por debajo del mínimo o ambas cosas. La informalidad laboral, además, se ubicó en 54.8 por ciento, medio punto arriba que hace un año.
El dato que conecta todo es el siguiente: la población económicamente activa creció en 558 mil personas en doce meses, pero el empleo formal solo aportó una fracción de esa absorción. Lo que está pasando, entonces, no es desempleo masivo —el mercado mexicano sigue cerca del pleno empleo estadístico— sino que el ajuste se está dando por la vía de la informalidad y la subocupación. Hay más mexicanos buscando vincularse a la economía y menos puestos formales para acomodarlos. La paradoja de los salarios récord aplica para quien ya tiene un empleo formal; paraca Quien busca entrar, la puerta se está cerrando.
¿Y el consumo? El Indicador Oportuno del Consumo Privado del INEGI, una estimación adelantada, anticipa un crecimiento anual de 2.1 por ciento para febrero y marzo. Marzo, de hecho, se estancó en términos mensuales. Si el consumo privado representa cerca del 70 por ciento del PIB y pierde tracción justo cuando el empleo formal se enfría, las consecuencias para el crecimiento del año son evidentes.
La lectura sectorial añade matices importantes. el componentes industriales del empleo formal suma 138 mil 700 plazas en el primer trimestre, 28 por ciento más que en igual período de 2025. El nearshoring, en ese sentido, sí está dejando huella. El problema está en el crucial sector terciario. —comercio, servicios, transporte—, que apenas creó 7 mil 100 puestos formales en tres meses. Es decir, la maquinaria exportadora jala, pero el motor doméstico tose. Y el consumo es, por definición, un fenómeno doméstico.
La síntesis del momento es incómoda. El trabajador formal mexicano gana hoy más, en términos reales, que en cualquier punto de la última década. Pero hay menos puertas abiertas para sumar a ese contrato implícito, y quien se queda fuera engrosa la informalidad o la subocupación.
Lo que habrá que observar en mayo: el dato del IMSS de abril, la inflación de la segunda quincena del mes y los detalles del próximo Informe Trimestral de Banxico.
Ahí veremos si la paradoja es transitoria o se está volviendo el rasgo distintivo del 2026.
